A 198 años del decreto que fundó la Universidad de Cartagena, la historia sigue latiendo en San Agustín
Fue el día en que la historia de la educación pública en el norte de Colombia comenzó a escribirse con tinta republicana. Entre rentas heredadas, conventos suprimidos y aulas improvisadas, nació la Universidad del Magdalena e Istmo, hoy Universidad de Cartagena, una institución que, a punto de cumplir 198 años, sigue custodiando los ecos de su origen en el corazón amurallado.
Por: Méndez Aldana Miguel
7 octubre, 2025
El 6 de octubre de 1827 marcó un antes y un después en la historia de la educación del Caribe colombiano. Ese día, mediante decreto, se creó la Universidad del Magdalena e Istmo, hoy conocida como Universidad de Cartagena, la primera institución pública de educación superior en la región norte del país.
El documento fundador estableció que la universidad recibiría para su sostenimiento las rentas provenientes de los bienes, capitales y acciones del Colegio Seminario San Carlos Borromeo, así como las capellanías de derecho devuelto destinadas a la educación pública. Además, se le reconoció el derecho a usar los recursos de los conventos suprimidos y de las donaciones hechas para fines educativos.
En ese mismo decreto, el artículo 8º dispuso que “la Universidad se establecerá en el convento extinguido de San Agustín, luego que lo desocupe el gobierno, y entre tanto se pondrá en el edificio que normalmente sirve para el colegio de San Carlos”. Así, la educación superior se abrió paso entre claustros que antes fueron morada de frailes.
Aunque las condiciones iniciales fueron precarias, la fecha quedó grabada en la memoria de la ciudad. El 11 de noviembre de 1828, la institución se instaló oficialmente en el Claustro de San Agustín, edificio que más tarde se convirtió en símbolo de la formación académica en Cartagena y en todo el Caribe.

Con el paso de los años, los rectores y funcionarios enfrentaron innumerables dificultades para administrar los recursos. En 1845, el rector Manuel del Río y su secretario Juan N. Pombo aprobaron el Reglamento para el servicio de la tesorería de la Universidad del Segundo Distrito, que buscaba ordenar el manejo de los bienes. Entonces se nombró como primer tesorero a José Joaquín Torres, quien reveló la magnitud del patrimonio universitario.
Los informes de Torres, en 1846, detallaban que la universidad era propietaria de ocho edificios —entre ellos el convento de San Agustín y el antiguo Colegio de San Carlos— y más de trescientas propiedades distribuidas en las calles del Centro Histórico y Getsemaní. Además, poseía capitales y rentas equivalentes a más de 400.000 pesos, cifra que llevó al secretario de la Nueva Granada, Mariano Ospina Rodríguez, a afirmar que era “la más rica de las tres universidades existentes”.
Sin embargo, aquella riqueza era más contable que real. Muchos de los ingresos figuraban solo como deudas por cobrar, y los litigios por las rentas impagas se multiplicaron. Aun así, la universidad resistió, consolidándose como una institución clave para el desarrollo intelectual del Caribe.
En 1839, ante los intentos de separación de las órdenes religiosas, el rector Idelfonso Méndez fue enfático:
“Las rentas con que antes ha contado el Seminario […] bastaron en principio para plantear la grande obra de la Universidad […] porque no contaba con los ingresos de los conventos suprimidos de Santo Domingo y San Francisco […] y aunque se le habían adjudicado los de la Merced, San Agustín, San Diego y la Popa, es de considerarse que estos se invirtieron en preparar el local de San Agustín, cuya obra importó miles de pesos”.
Así defendía el rector el derecho a conservar el Claustro de San Agustín, espacio que hoy sigue siendo testigo de la memoria institucional y emblema de la educación pública en el Caribe.
Casi dos siglos después, la Universidad de Cartagena no solo custodia la herencia material de sus primeros años, sino también un legado cultural e histórico que ha sobrevivido entre guerras, reformas y transformaciones urbanas.








