40 años después, Armero sigue pidiendo no ser olvidado
A 40 años de la tragedia, los sobrevivientes de Armero mantienen viva la memoria del pueblo que desapareció bajo el lodo. Pese al abandono estatal, el lugar sigue siendo símbolo de dolor, resistencia y advertencia.
Por: Méndez Aldana Miguel
13 noviembre, 2025
Han pasado cuarenta años desde la noche en que Armero desapareció bajo el lodo. Era el 13 de noviembre de 1985 cuando una erupción del volcán Nevado del Ruiz desencadenó una avalancha que arrasó con el municipio tolimense, dejando más de 23.000 víctimas y convirtiéndose en la peor tragedia natural en la historia de Colombia.
El alud, compuesto por cien millones de metros cúbicos de lodo, piedras y agua, descendió desde la montaña y en menos de dos horas sepultó casi todo el pueblo. Hoy, donde antes hubo calles, parques y escuelas, solo quedan ruinas cubiertas de maleza, tumbas improvisadas y fragmentos del antiguo hospital San Lorenzo.
De las 3.500 hectáreas que tenía el municipio, más de 3.000 quedaron bajo el barro, un escenario que los sobrevivientes intentan preservar como símbolo de memoria frente al olvido institucional.
Entre ellos está José Nova, quien perdió a 18 familiares y ahora dirige, junto a su hermano, el Centro de Visitantes de Armero (CVA), un espacio dedicado a mantener viva la historia.
“Fueron 100 millones de metros cúbicos de lodo los que arrasaron Armero”, recuerda Nova, convencido de que la tragedia pudo evitarse.
El abandono también se extiende a los lugares de homenaje. El Parque de los Fundadores, donde se levantaron los primeros memoriales, está en ruinas, y la cruz donde el papa Juan Pablo II oró por las víctimas en 1986 permanece rodeada de maleza.
Entre los sitios más visitados está la tumba de Omaira Sánchez, la niña que se convirtió en símbolo de la tragedia. Permaneció atrapada entre los escombros durante 60 horas mientras el mundo observaba su agonía. No pudieron rescatarla: el lodo la mantenía inmovilizada.
José Nova lamenta que la lección de Armero aún no haya sido aprendida.
“Y saber que la tragedia se pudo evitar”, dice con amargura, recordando que las alertas del Servicio Geológico y los llamados de la comunidad fueron desoídos por el gobierno del entonces presidente Belisario Betancur y su ministro de Minas, Iván Duque Escobar, padre del expresidente Iván Duque Márquez.
Cuatro décadas después, Armero sigue pidiendo no ser olvidado, mientras sus sobrevivientes insisten en que la memoria también es una forma de justicia.








