Pedro Alí y el precio de la traición: Cuando el poder deja de tener aliados
De acuerdos estratégicos a enfrentamientos silenciosos: la historia de las fracturas políticas que hoy rodean a Pedro Alí y que podrían pesar en el futuro electoral de Magangué.
Por: Méndez Aldana Miguel
12 agosto, 2026
En política, las traiciones tienen memoria. Los acuerdos se rompen, los aliados toman distancia y las facturas llegan precisamente cuando más se necesita respaldo. Pedro Alí Alí habría apostado por una jugada propia que, aunque fortaleció su proyecto particular, también dejó heridas abiertas con quienes alguna vez fueron sus aliados.
La política suele premiar la estrategia, pero castiga la falta de lealtad. Muchos dirigentes recuerdan sus victorias, pero olvidan que detrás de ellas hubo nombres, acuerdos y estructuras que hicieron posible llegar al poder.
En Bolívar, una historia empieza a tomar fuerza alrededor de Pedro Alí, un dirigente que consolidó una estructura política importante en Magangué, pero que hoy enfrenta cuestionamientos dentro de sectores que en otro momento caminaron a su lado.
La discusión no está en tener aspiraciones propias. El verdadero problema político está en romper compromisos con quienes ayudaron a construir el camino.
Esa es precisamente la acusación política que empieza a escucharse en los corrillos regionales: que Pedro Alí habría convertido la lealtad política en una herramienta de conveniencia, una jugada que pudo darle una victoria momentánea, pero que también habría dejado una larga lista de cuentas pendientes.
La traición a Lidio García: cuando un aliado terminó convertido en rival
Lidio García, dirigente del Partido Liberal y senador de la República, había encontrado en Magangué un territorio estratégico dentro de su proyecto político, y allí apareció Pedro Alí como una de las principales fuerzas para consolidar esa presencia electoral.
Durante años, ambos sectores caminaron en una misma dirección. Incluso, en 2025, durante la celebración del cumpleaños de Magangué, el grupo político conocido como Clan Alí mostró públicamente respaldo a Lidio García para sus aspiraciones electorales. La imagen transmitía unidad y fortaleza política.
Sin embargo, en política las fotografías duran poco cuando aparecen los intereses.
De igual manera, la información obtenida por este medio desde fuentes reservadas, se hablaba de recursos cercanos a los $4.500 millones de pesos relacionados con la estrategia que buscaba fortalecer la candidatura de Silvio Carrasquilla, candidato cercano a la línea de García Turbay.
La versión que circula en sectores políticos señala que este apoyo económico habría terminado favoreciendo la candidatura de Ardila en vez de Carrasquilla.
Los resultados electorales dejaron una señal contundente. En Magangué, Silvio Carrasquilla obtuvo 1.501 votos, mientras José Ricardo Ardila alcanzó 15.512 votos.
La derrota de Carrasquilla fue registrada por Tele Turbaco con el titular: “Después de 12 años Carrasquilla pierde su curul en la Cámara por Bolívar del Partido Liberal”.
Pero más allá de la derrota electoral, quedó una fractura política. Según la información, en un evento privado habría surgido una frase atribuida a Lidio García que resume el nivel del distanciamiento: “Pedro Alí me robó”.
Una expresión que refleja la magnitud de una relación política que pasó de la cooperación al enfrentamiento.
La Casa Blel-Arana: otra historia marcada por heridas políticas
El distanciamiento político de Pedro Alí no solo tendría como escenario al liberalismo. La relación con la Casa Blel-Arana también ha estado marcada por momentos de tensión donde los intereses electorales terminaron imponiéndose sobre las cercanías políticas.
En las elecciones de Alcaldía de Magangué de 2019 quedó demostrado. Mientras el sector Arana respaldó a Yalil Arana Payares, Pedro Alí decidió montar competencia con su pupilo Carlos Cabrales Isaac, quien ganó con 32.202 votos frente a los 25.122 votos de su contendor.
Aunque el resultado favoreció a Cabrales, el episodio dejó una fractura dentro de sectores que antes compartían cercanías.
Posteriormente, cuando Pedro Alí buscaba proyectarse como una figura departamental y aspiraba a tener protagonismo en la carrera por la Gobernación de Bolívar, el escenario político cambió. Según reportes de Caracol Radio, Pedro Alí renunció a su cargo como gerente de IDERBOL en medio de sus movimientos políticos. Sin embargo, todos los apoyos regionales terminaron inclinándose hacia la candidatura de Yamil Arana Padauí.
Fue otro mensaje del tablero político: tener aspiraciones no significa tener garantizados los respaldos.
Para las elecciones legislativas de 2026, la Casa Blel-Arana y el Clan Alí habrían buscado acercamientos para respaldar la candidatura de Camila Salas, cuñada del gobernador de Bolívar, Yamil Arana.
Pero nuevamente las diferencias aparecieron. Según versiones políticas, Pedro Alí mantuvo hasta el final su respaldo a su propio candidato y se apartó de otros acuerdos electorales.
La política cobra sus deudas
Hoy, mientras comienza a moverse el escenario electoral de 2027 en el municipio de Magangué, el Clan Alí enfrenta una realidad incómoda: mantener una candidatura propia requiere mucho más que votos.
En política se necesitan aliados, acuerdos y confianza. Y cuando esos elementos desaparecen, incluso las estructuras más fuertes empiezan a sentir las consecuencias.
Y es precisamente ahí donde aparece el mayor desafío para Pedro Alí. Las rupturas con antiguos aliados empiezan a convertirse en una carga política que podría pesar en sus próximas decisiones electorales. Cabe recordar, la influencia de Lidio García dentro del partido Liberal; lo que conllevaría a la posible negación de avales para candidatos del Clan Alí en Magangué.
Pero el panorama se complica aún más con el nuevo escenario nacional.
Según Infobae, el presidente electo Abelardo de la Espriella cuestionó el papel de los congresistas como intermediarios entre las regiones y el Ejecutivo, asegurando que “se acabó la intermediación de los congresistas con las regiones”.
Un mensaje que golpea precisamente a una de las cuestionadas prácticas de corrupción por algunos congresistas: el llamado “Tráfico de Influencias”. Así, la jugada que llevó a Pedro Alí a romper con antiguos aliados no solo dejó una fractura política; también podría enfrentar un escenario donde la herramienta de poder que buscaba consolidar con Ardila tenga menos alcance del esperado.
Finalmente, en Bolívar la memoria política es larga. Los acuerdos rotos no desaparecen, las promesas incumplidas no se olvidan y las decisiones que afectan la confianza de los aliados suelen convertirse en la factura más costosa.
Hoy Pedro Alí enfrenta la pregunta que muchos dirigentes han tenido que responder antes:
¿De qué sirve tener poder, si quienes ayudaron a construirlo ya no quieren caminar a su lado?



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